Hubo un día un Rey que había perdido el juicio y le daba la gana de hacer lo que quería. Siempre antes lo veían ponderado, calmado, inteligente. Pero un día dejó todo eso y le fascinó su papel de Rey. Guardó al hombre serio. Y quiso ir por el lado de ser superior al Bien y al Mal. Que solo por ser quien era todos lo aplaudieran. No es que debía sustentar su Reinado con actos que le dieran legitimidad social. No. El resto, el pueblo, debía aplaudirlo por ser quien es. Una forma más que encubierta y pervertida de aparentar sencillez y humildad, cuando en realidad hay una socarrona y descomunal soberbia monárquica. Aquí yo soy el Rey. Y como tal, a mí se me aplaude. Así se me ocurra hacer tonterías. Yo puedo bailar como caballo cansado en el día de la Patria. Yo puedo ponerme un pañuelo en la cabeza en pleno desfile. Yo puedo hacer aeróbicos con ropa fucsia en el patio de Palacio. Y que aplaudan. Soy el monarca. Cualquier crítica, son estupideces. No oiré críticas.
Hubo también otro Rey que los niveles de locura lo habían sobrepasado. Caído en el mismo defecto del Rey ya descrito. Un día se le dio por andar desnudo por todo Palacio. Todos los ministros lo saludaban. “Su majestad”. Militares, ministros, súbditos todos, se hacían los tontos. Miraban para un costado. Tosían. Y hasta llegaron a decir que era tan Genio, pero tan Genio, que los Genios hacían idioteces. Y que parte de su Genialidad era hacer eso y que debíamos aplaudir a un Rey genio... loco, payaso... pero Genio. Un día un niño de 4 años. Se cruzó por ahí. Siempre Dios (El Destino le llaman otros) se cruza por ahí. Y ese día el niño se coló en la corte. Y lo vio al Rey desnudo. Y caray, lo dijo: “El Rey está Calato”. Toda la corte hizo silencio. El niño se paró. Y lo señaló. “El Rey está calato”. El Rey se miró y se dio cuenta. Su vergüenza fue mayor. Nadie en esa corte había tenido el Valor Civil de decirle con toda franqueza que no era un Genio. Que era un loco desnudo. Y que gracias a eso, la nación se había hecho más relajada. “El Rey está calato”. Tan Simple. ¿Quién se lo dice? ¿Quién se la suelta? Es urgente. La Inseguridad Ciudadana requiere de mucha seriedad. Ni más ni menos.