Cuando el presidente Pedro Pablo Kuzcynski se anima a decir que se está evaluando la salud de Alberto Fujimori para que saber si es posible un indulto humanitario de alguna u otra manera tiene un enorme signficado. ¿Por qué? Porque quién dice semejante afirmación es nada menos que el primer magistrado de la República, quien representa a la nación y a un Estado que lleva en democracia cuatro quinquenios. Un mensaje con mucha profundidad.
De alguna manera si el indulto a Fujimori procede, sería la democracia peruana y el estado de derecho el que otorgue tamaño beneficio al ex presidente. Ello es significativo porque fue ese estado de derecho y esa democracia que Alberto Fujimori derribó en el autogolpe del 5 de abril de 1992. Es decir, aquella democracia que Fujimori despreció hoy le da la posibilidad de un indulto. Tremenda lección.
¿Qué representa todo ello? Que con sus bemoles y deficiencias, la democracia es imperfecta pero es capaz de resurgir de las cenizas y otorgar beneficios a quienes avanzaron sobre ella. Ahora bien, es bueno recordar que de alguna manera la democracia no solo supone una forma de gobierno. ¿Por qué sostenemos aquello? Porque así como indicamos que la democracia y el estado de derecho otorgan una oportunidad a quien las derribó, es bueno señalar que no podríamos tener hoy una democracia sin la apertura de la economía del fujimorato de los noventa. ¿Cómo así tamaña contradicción?
Si la democracia persiste a pesar de que los partidos y el espacio público han fracasado se debe fundamentalmente a que existe una clase media emergente que sostiene esta democracia. Marx decía que la democracia es el sistema de las burguesías. Si seguimos a pie juntillas lo señalado por el barbudo de Tréveris entonces la única forma de entender que la democracia peruana persiste es porque la clase media emergente que han surgido postfujimorato la sostiene. Y sin reformas económicas hechas durante el fujimorismo no habría esa gran emergencia de una clase media andina, popular y regional. Allí está la gran contradicción.
Si hoy la democracia peruana es capaz de resistir a cualquier embate es justamente porque sus cimientos económicos están fuertes a pesar de que la política se empeña a lo contrario. En todo caso, la gran lección para los autoritarismos y las dictaduras es que los países no se van rumbo al despeñadera sino son capaces de reinventarse.