Ningún peruano de buena voluntad podría negarle a Víctor Raúl Haya de la Torre un lugar prominente en la historia de la República.
Vale añadir además, que ni tirios ni troyanos podrían negarle un sitial a González Prada, a Mariátegui, a Víctor Andrés Belaúnde o a Riva Agüero porque de alguna manera aquellos hombres hicieron una autopsia de la república y vieron que a pesar de la perorata no había una idea de nación y funcionaba –como en la colonia-dos repúblicas. Por un lado el Perú real y por el otro el Perú formal.
No obstante, quizá, la sagacidad de Haya fue crear un partido multiclasista– el Partido Aprista- alejado de la tesis leninista de un partido de clase obrera ¿Por qué? Porque el boom de la economía alrededor de la agroexportación y la minería permitió la emergencia de una sociedad, sobre todo en la costa norte, que no tenía conexión con los viejos partidos de la llamada “república aristocrática”. Ese enorme espacio de no representación política fue llenado por un partido policlasista: el partido aprista. De allí que fue masivo y popular. En la ciencia política se suele decir que el poder no acepta vacíos. Ese vacío fue llenado por el APRA.
Ahora bien, en el contexto de la lucha entre el capitalismo y el comunismo, el pensamiento de Haya pudo alzarse sobre “las dos colinas” y se irradió sobre América Latina. Al otro lado, en Europa, la socialdemocracia seguía el camino del reformismo de Bernstein.
Como un buen político que es capaz de expresar en una línea toda una tesis, en este espacio de tiempo, Haya de la Torre, desarrolla, entre otros varios, aquel famoso apotegma de “ni con Washington, ni con Moscú” marcando posición clara y distante.
De alguna manera, en el siglo XX con los paradigmas formados entre capitalismo y comunismo, se permitía una fácil ubicación en alguno de aquellos espacios. En un tiempo “liquido” y globalizado como éste, con el comunismo reservado solo a una porción de países y con una China que es capaz de llamarse comunista pero sus líderes dicen que el “mercado es una bien de la humanidad” tomar posiciones se hace difícil.
La llegada de varios presidentes a la Cumbre de las Américas debería servir como un escenario para que el Partido Aprista marque posición y de alguna manera vuelva a irradiar un pensamiento propio y profundo hacia un mundo globalizado donde las fronteras ideológicas se han borrado, casi no hay paradigmas y todo anda muy confundido.
La llegada del autoritario Nicolás Maduro por un lado y por el otro de Donald Trump, un presidente que aparece como el abanderado de la lucha contra el progresismo internacional pero que no duda en arropar al proteccionismo económico antiliberal al país del norte, servirá como marco para saber si aún queda la voluntad en el aprismo de tomar una posición a pesar de las tempestades.
Es obvio que el mundo ya no se organiza en torno a Washington o Moscú, pero hoy tanto Maduro como Trump tienen vuelos autoritarios que son inaceptables.
La diferencia es que los Padres Fundadores americanos dejaron una arquitectura para evitar la tiranía de las mayorías y minorías mientras que en Venezuela las instituciones republicanas fueron hechas añicos por el estatismo.
En Moscú por ejemplo, gobierna un régimen que si bien lucha contra el fanatismo religioso musulmán es capaz de golpear a la oposición democrática que pide mayores libertades civiles. ¿Tamaña contradicción, no?
Cuando Haya de la Torre desarrolló la idea de un mundo alejado de Washington y Moscú en realidad estaba incidiendo en una propuesta por la libertad, lejana al dogmatismo por el estado o por el mercado. Es bueno que en el aprismo se empiece nuevamente un sincero debate.