Punto de Encuentro

Continúa la promesa de gas para el sur

27 Febrero, 2018

Iván Arenas

Quizá, cuando se concibió la idea de un gasoducto que uniera varias regiones entre ellas Cusco, Ayacucho, Puno, Moquegua y Arequipa, existía una cierta evocación a esa gran creación de Theodoro Roosvelt llamada la “Autoridad de Valle del Tennesse” (TVA) en 1933. ¿Por qué? Porque como el TVA dotó de energía eléctrica y permitió conectar el oeste central americano, la idea -que aún continúa- es que el gasoducto irrigará de energía más barata a todo el sur peruano. Poca gente repara que visto en un plano, el ducto del gas recorrerá casi de manera exacta por las fronteras de lo que alguna vez fue el Estado SudPeruano de 1836, cuando el Perú estuvo en ese “momento plástico” de partirse en dos.
No obstante, aquel sueño aún no se hace realidad. Inicialmente la ortodoxia desarrolló la idea de que no había “mercado” para una obra como aquella. Esa vieja lógica entre la oferta y la demanda. Lo mismo decían del TVA y va camino a su primer centenario. Luego se puso en duda el rol y la intervención del Estado. Sin embargo, los Estados también pueden ayudar a crear desarrollo. Finalmente, ¿para qué podría existir un Estado sino es para promover la “idea” de un progreso común? Un libro de Mazzucato, que hasta ahora no ha podido ser refutado de manera franca, estima que sin el apoyo inicial del gobierno federal estadounidense no habría IBM o Iphone. ¿No es acaso una tarea ociosa generar conflictos entre el estado y el mercado en un tema "estratégico"?
Pero, desafortunadamente, a veces la política en mayúscula puede hacer grandes cosas. En otras la política se reduce al menudeo. Si Ollanta Humala, por ejemplo, no habría metido sus narices en la idea primigenia de un gaseoducto (el costó subió 5.5 veces) y si la corrupción brasilera no habría manchado el proyecto, hoy continuaría y no la habrían dejado solo con el 37% de avance como el consorcio liderado por Odebrecht así lo hizo desde enero pasado.
Pero, retornando a la idea anterior, ¿hay “mercado” para el gasoducto? Todo indica que sí. Un pasado informe de Apoyo, que dista mucho de ser una organización pro estatista, indica que de construirse un gasoducto las familias sureñas ahorrarían alrededor de 150 millones de soles anuales. Del estudio también se desprende que ahora existirían más de 480 millones de pies cúbicos diarios (MMPCD) de “demanda”. En otras palabras, el 88% de toda la capacidad actual del gasoducto. Principalmente por los "nodos energéticos". Si a ello se le suma la capacidad productiva que se generaría, entonces podríamos decir que existe “demanda” interna. En todo caso, el gas serviría primero para desarrollar lo que alguna vez la sociología llamó la “mancha india”.
Quizá allí hace falta la insurgencia de un Jean Monnet. Como se sabe, Francia y Alemania vivían en guerra hasta que Monnet creyó ver un pacto europeo en el carbón y en el acero. En los viejos libros de historia se enseña que la aparición del comercio significó que las guerras se redujeran. Hay quienes sugieren que el gas podría significar un pacto entre Bolivia, Perú y Chile. De ser aquella esa posibilidad, Chile dejaría los caros proyectos de energía renovable en su zona norte para convertirse en “demanda”. Todo ello puede ocurrir si en ambos lados se ahogan las voces belicistas.
Hoy se intenta desarrollar un gasoducto “virtual” hacia el sur. ¿Qué quiere decir ello? Que el gas se “masificará” a través de camiones. Aunque la idea intenta paliar los excesivos precios del gas (en Cusco el balón sobrepasa los 40 soles) no sería sostenible porque no es un esquema estratégico sino para salir del escollo. En junio próximo el gobierno peruano debe “licitar” nuevamente el proyecto. ¿Es rentable? A pesar de lo que se dice sí. No hay hoy ninguna voz especializada en el tema que niegue la rentabilidad del gaseoducto. Después de todo con un 37% de avance y con una demanda “posible”, el gaseoducto es aún rentable.
Ahora, quizá surja otra pregunta, ¿por qué en una segunda república se debería construir un gasoducto? Por una razón sencilla. La primera República no lo ha hecho. Además, en el sur está alrededor del 15% de la población peruana, algunas comunidades todavía en pobreza extrema. La minería moderna se ha convertido en un motor antipobreza y si a ello le sumamos el gas, entonces cerraríamos la brecha entre la sierra sur andina y la costa central centro y norte, estas dos zonas geográficas del Perú.

 

NOTICIAS MAS LEIDAS