ÁNGEL DELGADO SILVA
Sí hay que salir ahora en defensa del Congreso de la República, afirmar su legitimidad democrática y demostrar su gravitación para el funcionamiento político del país. Es importante hacerlo en las actuales circunstancias… aunque parezca “políticamente incorrecto” e implique “nadar contra la corriente”. Justo en este momento,cuando somos apabullados por la grita iconoclasta y corrosivaatizada desde portadas, cabinas y sets de los medios de comunicación y las siempre perversas redes sociales. Defender ahora,cuando fácil sería dejarnos “tácticamente”envolver por este clima destemplado, que ha encontrado su “chivo expiatorio” para saciar la cólera y frustraciones de muchos, demasiados intereses.
En efecto, quienes han sido desplazados del gobierno luego de la vacancia-renuncia de Kuczynski,son incapaces de asimilar su derrota. No reconocen que el fracaso responde a su propia culpa. Y, entonces, ahogados en rabia, entran en shock, sufren una desolación infinita y son presas de un rencor desmedido. Por eso volcaron sus primeras iras contra el mensajero de su desgracia: el congresista Moisés Mamani. No conciben que este aimara de ininteligible dicción, carentede educación elemental, sin modales finos e invisible, pues era insignificante para ellos, haya timado a sus más sagaces operadores. Y que fuera el responsable final de la caída de su régimen de lujo. Por eso, a sabiendas, que para imputar un delito debe acreditarse la existencia de dolo–es decir la intención de delinquir, cosa que obviamente no ha existido– Mamani sigue siendo objeto de amenazas por una jauría de procuradores y fiscales, que se prestan a la farsa.Sorprende que reputados programas de televisión inviertan tanto tiempo en espulgar su vida, con un tesón que revela un racismo primitivo y eso que antes se llamada “odio de clase”.
Pero estas rabietas serán puras anécdotas, en breve tiempo. Mayor significación y alcance tiene la feroz campaña emprendida contra el Parlamento nacional. Aquí coinciden la cólera delos resentidos “ppkausas”,con la ojeriza antiparlamentaria latenteen sectores de la población, que no entiende el por qué de una institución, cuya principal función es parlar.
Históricamente y en todas las latitudes este sentimiento de rechazo ha existido siempre. Bajo ninguna circunstancia es una peculiaridad del Perú republicano. Y siempre ha sido el fundamento real para entronizar a las nefastas dictaduras. Recordemos que los autoritarismos de cualquier pelaje, de derecha o izquierda, no soportan el accionar propio del Congreso: o lo clausuran violentamente o fabrican una dócil caricatura de él.
Será necesario comprender la función de la Asamblea Popular en la República. En sentido estricto no esun órgano de gobierno, aunque reclame para sí el adoptar las decisiones fundamentales, en tanto depositario de la voluntad de la comunidad política. En una sociedad democrática, signada por el pluralismo de visiones e intereses, así como el reconocimiento del conflicto social como algo constitutivo de ella, el Parlamento jamás será un elenco de notables y celebridades indiscutidas. Al revés, deberá ser reflejo, lo más fiel posible, de la heterogeneidad social y expresión de las tensiones que la sacuden permanentemente. Fiel a esta razón de ser, el Congreso será inexorablemente una entidad contradictoria en sí misma. Mientras su funcionamiento radicaráen el nunca acabado propósito de ofrecer un cauce racional, a esas diferencias incontroladas.
Más que gobernar, la institución parlamentaria atempera los choques entre intereses adversos, la lucha de perspectivas antagónicas, que colman la sociedad civil, desde el momento que los formaliza y encauza, institucionalizando aquella matriz de contradicciones naturales. Estamos frente a una instancia representativa de lo social, cuya última ratio será contener el conflicto impregnado en toda la comunidad política, cuando evitalos desbordes sociales que pueden destruirla.
¿Cómo podrían ser populares los Congresos cuando su rol está determinado por la negatividadmás absoluta? No actúa positivamente, pues no ejecuta obras ni presta servicios públicos. Tampoco autoriza licencias ni otorga documentos útiles para los usuarios:identidad, pasaportes o títulos habilitantes. Incluso al votar una ley deberá coincidir todos los pareceres, para que no agravie a nadie. Todo ello para cumplir el objetivo primario de reducir el conflicto, mediante discusiones que parecen interminables y esotéricas.
Entonces, ¿cómo podría competir con el gobierno que es una máquina de hacer un sinnúmero de cosas, del mayor interés ciudadano?. Podemos simpatizar con líderesparlamentarios y estar conforme con alguna bancada, mientras, en simultáneo, reprobamos a los demás. Pero eso siempre será una opinión de parte; nunca el punto de vista de todos.
Hoy las encuestas ocultan sin disimulo esta realidad. No recogen la complejidad yobvian las sutilezas. Y por eso, sus resultados son instrumentalizados a gusto del afán de revanchade los otrora usufructuarios del poder y el periodismo a su servicio. Antes de abandonar la Presidencia, el ex-mandatario era repudiado por casi el 90% de los peruanos y más del 60% estaban por su vacancia. ¿Cómo explicar que, a la semana siguiente, el Congreso de la República que propicio la caída de Kuczynski,caminando en paralelo a la opinión pública, tenga apena 7% de aprobación? Ciertamente la medición no conecta sucesosreales: Parlamento vs Ejecutivo. Aísla adrede los hechos y encuesta sólo los casos más deplorables: Yesenia Ponce, Bienvenido Ramírez, Lizbeth Robles, imposibles de faltar hasta en las mejores familias. De esta manipulación, el resultado no puede ser sino el peor de todos.
Lima, 10 de abril del 2018