Punto de Encuentro

Concepción Carhuancho y la “aplanadora”

Nadie con dos dedos de frente puede negar que en el Perú un sector minoritario de la sociedad ha desarrollado una enorme red mediática y legal que despliega efectivas estrategias contra sus adversarios.

Apabulla, juzga,  sentencia, somete, aplana. A punta de periodicazos o de retuits convierten la mentira en verdad y viceversa. Transforman al culpable en inocente. Perdonan al pecador y al santo lo visten a su antojo.

Esta vez, el centro de toda la estrategia de la “aplanadora” mediática y legal ha sido Richard Concepción Carhuancho, el juez que envió a una cárcel de modo preventivo a los Humala-Heredia, que por añadidura ya están libres.

En todo el planeta se ha puesto de moda la post verdad. En el Perú hace rato que algunos lo utilizan de manera delicada, supina, estratégica.

En ese vaivén de mentiras convertidas en verdad ha caído, (lo han colocado mejor dicho) a Concepción Carhuancho  ¿Qué ha sucedido? Resulta que ahora el juez es el nuevo “Tres Patines” del sistema judicial.

Un “Cantinflas reload” que a través de sendas resoluciones habría dado marchas y contramarchas en su decisión de incautar propiedades a la ex pareja presidencial Humala-Heredia.

En la narrativa de la “aplanadora” mediática y legal, Concepción Carhuancho no solo es un juez abusivo por haber ordenado que una familia (Humala y Heredia) desaloje su vivienda en la madrugada de un otoño cualquiera.

En el relato de post verdad que se intenta imponer a Concepción Carhuancho como un juez aprendiz de “cómico” que primero ordena al Ministerio Público el desalojo y la incautación de una vivienda, luego a través de una resolución se retracta de esta diligencia legal y vuelve a rematar con una nueva resolución que reordena continuar con la incautación.

Todo lo anterior suena a ópera bufa, ¿no? A “leguleyadas” del típico juececillo que utiliza artimañas legales para judicializar a los políticos.

Por la tarde, antes de poner en marcha una campañita más contra la justicia peruana y victimizarse, Nadine volvió a los jeans en una conferencia de prensa afuera de la vivienda. Un buen observador se habría dado cuenta de que los jeans en Nadine son el signo del retorno del maquiavelismo de primaria.

Concepción Carhuancho no se fijó en los jeans y no supo, sino hasta ahora, que la ex pareja presidencial tendría una carta bajo la manga. Todo funcionó con la precisión de un reloj suizo.

Horas antes del desalojo, Concepción Carhuancho había enviado a la defensa de Humala -Heredia  (a solicitud de esta) una resolución que detenía la diligencia de manera momentánea (pero no suspendía, ojo) no obstante –¡oh cosa curiosa!- ninguno de los cuatro abogados de la ex pareja presidencial se percató. Nagasaki, que lo han traído desde el averno cuando defendió a Fujimori, para ser colocado en el paraíso, nunca se dio por advertido que en su bandeja había un nuevo correo. 

De allí en adelante todos en la “aplanadora” hicieron su trabajo. Periodicazos, periodistas, columnas y memes.

Incluso Duberly Rodriguez, el del Poder Judicial, pone su granito de arena e indica que le “preocupa la imagen” de su institución pero no ha convocado al juez Concepción para conocer el caso de primera mano. 

La primera instantánea engaña a más de uno: Humala-Heredia se convierten en víctimas, en el centro de la venganza y de pronto se empieza a desplegar la idea de que Concepción Carhuancho debe ser extirpado de su puesto. 

Mientras la “aplanadora” triunfa y con ella la post verdad, los Humala-Heredia afinan su estrategia para tentar un posible retorno al poder. Esta vez iría ella, o sea Nadine que ya viste de jeans y dejó colgado los finos vestidos. Y cuando Nadine se viste de jeans es que algo trama.

 

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