Punto de Encuentro

El gran debate sobre la minería moderna en el Perú

12 Septiembre, 2018

Iván Arenas

En sendas entrevistas el congresista y líder del Frente Amplio, Marco Arana ha insistido que ni él ni su organización partidaria se oponen a la minería moderna. Hasta cierto punto hay algo de verdad. Marco Arana ni un sector de la izquierda se oponen a la minería moderna en el país. Marco Arana se opone a las inversiones privadas en la minería moderna. En otras palabras, se opone a que sean las empresas privadas las que exploten los recursos mineros. Siguiendo aquella lógica, Arana quisiera que sea el Estado el que explote los recursos y entonces en el horizonte encuentran el ejemplo de Codelco en Chile.

En el gran debate sobre  la minería moderna en el Perú, la izquierda ha quedado en fuera de juego. La minería en el Perú ha sido denostada y vilipendiada por este sector minoritario (pero muy efectivo mediáticamente) pero la única verdad más grande que una catedral es que nadie se atreve a cuestionar su importancia para las venas económicas y sociales del Perú. Como es imposible negar a estas alturas el presente, el futuro y sobre todo el pasado del Perú minero, se ha intentado colocar en agenda debates falaces que apenas resisten algún rigor serio como por ejemplo el dilema dichoso entre extractivismo y postextractivismo.

No obstante, cuando se intentan colocar estos debates que por su poca rigurosidad son apenas resistentes, se debiera regresar una y otra vez al debate sobre la minería moderna en el Perú. ¿Y qué cuál es elemento principal alrededor de ese debate? El elemento sustancial y central es que si puede la minería ser una palanca para el desarrollo de los pueblos, las comunidades y para la población peruana. Si la respuesta es sí, entonces el debate no aguanta mayores argumentos en contra. Un sector de la izquierda, quedaría afuera, como dijimos.

En el Perú sucede algo extraño. Siempre se le consideró un país agrícola a pesar de que es un país arrugado y que si se extendiera sería tan grande como el Brasil actual. Pero el Perú no es Brasil, tampoco Argentina y menos la zona oriental boliviana cuya geografía es ideal para la agricultura extensiva. El Perú tiene una larga franja costera semejante a Chile. El Perú es  un país de  costa, sierra y montaña, como escribiría Aurelio Miroquesada. 
En las ciencias sociales cercanas al marxismo se suele etiquetar a algún fenómeno con aparentes complejidades como una “cuestión”. Se podría decir entonces que el Perú existe una “cuestión minera” y que a pesar de todas las pruebas irrefutables sobre su impacto y beneficios se le pretende impugnar y sentar en el banquillo desde un sector político e ideológico. Por eso vale reconocer que la “cuestión minera” es un debate ideológico también.


La “cuestión minera” es parte de aquella  “cuestión nacional”, donde la construcción del Estado aún es tarea pendiente. Por eso la minería ha tenido tantos problemas allí donde el Estado apenas tiene presencia. En las punas y en las llanuras de la selva han convivido la “cuestión nacional” y la “cuestión minera”.
Regresando a las primeras líneas,  Arana y la izquierda siempre miran a Chile y Codelco como la panacea, pero se olvidan de Australia y Canadá, donde  la participación estatal en minería es apenas significativa sin embargo, Canadá como Australia, son campeonas en calidad de vida y crecimiento económico a diferencia de Chile. ¿Qué los hace diferentes? La construcción de un Estado más eficiente y más efectivo, sin duda.

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