“Qué es peor: ¿rasgarse las vestiduras por una sentencia, respecto a un indulto, que es irrevocable? O ¿Elegir la improvisación para que nos gobierne los próximos cuatro años?”
Esta semana el verdadero debate se vio tristemente opacado por un tema en concreto: la anulación al indulto de Alberto Fujimori. Si bien es cierto, es un tema polémico que toca puntos sensibles como la Constitución, me parece que este hecho se ha convertido en una serie de novela dramática que -no sólo- ha provocado la lucha entre hermanos como es el caso de Keiko V Kenji, también divide y desvía a la población de su objetivo natural: las elecciones municipales. Lo que debería ser el verdadero debate, la verdadera discusión, se ha visto -nuevamente- opacada por un hecho que nos vuelve dependientes de la sombra oscura que generó la política de los 90’.
En palabras de Enrique Cornejo, y que es cierto, la ciudadanía debe concentrarse en las propuestas electorales del amplio menú de candidatos que tienen como objetivo llegar como el favorito al sillón municipal. Si bien es cierto, el indulto es un tema delicado y de amplio debate jurídico -del que comentaré cuando lea la sentencia completa-, no puede primar por encima de lo que será una decisión crucial: el voto que definirá los próximos 4 años de Lima y de las demás regiones. No podemos seguir cayendo en la improvisación, porque luego seremos nosotros los ciudadanos que tildemos a nuestras próximas autoridades como responsables de haber sido elegidas en medio de una controversia que dejó de serlo hace mucho tiempo.
Yo presento la siguiente pregunta, qué es peor: ¿rasgarse las vestiduras por una sentencia, respecto a un indulto, que es irrevocable? O ¿Elegir la improvisación para que nos gobierne los próximos cuatro años? Estamos a horas de que nuestra próxima autoridad sea elegida con un bajísimo nivel de aprobación.
Este último Jueves fueron los cierres de campaña de la mayoría de candidatos para la alcaldía de Lima, ninguno -con la mayor honestidad- cumplió con las expectativas. No se llenan las plazas, ninguno cumple con el porcentaje que debería tener para merecer el título de alcalde. Y todo gracias a una sombra oscura que vuelve del pasado, la típica política de los años 90’. Y es que parece no hemos aprendido la lección de no caer en los fantasmas del pasado, en una verdadera vuelta a la página. Si bien la historia debe servir para no fallar en el futuro, la escasa educación cívica nos impide inferir la historia vivida.
La nueva generación -millenials- debe darse cuenta de que en la historia no habrá una elección tan pobre como la que se viene para este Domingo. Y no se puede permitir que esto pase como un febril recuerdo por que el futuro que se viene -y que nadie puede predecir- debe ser mejor que el de ahora. Durante años se subestimó el trabajo de los arquitectos y hoy Lima ha demostrado no estar preparada para la sobrepoblación que presenta. La nueva generación no debe concentrarse en la política cancerígena del pasado. La nueva generación debe ser ese Universo Marvel que necesita de héroes sin capas dónde primen los valores.
Nuestra selección peruana nos enseñó que ‘no existe mal que dure 36 años ni fútbol peruano que lo resista’ (Daniel Peredo). El grupo ‘la blanquirroja’ nos enseñó la enorme diferencia entre llenar un estadio de incondicionales y llenar un estadio de falsos hinchas. Entonces estas elecciones debemos elegir al candidato que nos enseñe a distinguir un plan de obras realistas y concretas, y la improvisación.
@michel_1098