La noche del sábado 22 de agosto de 2020 pasará a la memoria colectiva de Lima como una de esas noches nefastas, donde 13 compatriotas fallecieron en un contexto de informalidad, desesperación, negligencia e inexperiencia. Me refiero, evidentemente, al suceso ocurrido en el local identificado como “Thomas Restobar”, en el distrito de Los Olivos. Allí, la noche en cuestión se llevaba a cabo una fiesta ilegal, la cual fue intervenida por la Policía, con resultados trágicos y que deberán ser investigados.
Esta fiesta no era un evento aislado. Los vecinos de la zona ya se habían dado cuenta varias veces con anterioridad de la existencia de este tipo de eventos en el local, a pesar de las prohibiciones vigentes en prevención del contagio del COVID 19. Sin embargo, a pesar de haber alertado a las autoridades zonales, esta situación seguía con normalidad.
Desde esta columna, condeno la irresponsabilidad de quienes se dedican a organizar este tipo de eventos en el contexto en el que vivimos. Ya lo demuestran las cifras. En la mencionada fiesta, la proporción de contagiados de COVID 19 alcanzó el 65 % del total de las víctimas y personas detenidas.
Del mismo modo, llamo a la reflexión a quienes han estado asistiendo a este tipo de eventos y planean seguir haciéndolo. El sábado, varios niños se fueron a dormir y despertaron el domingo sin madre. Para algunos, eso significa quedar en total orfandad. Es una irresponsabilidad absoluta salir de fiesta en un contexto en el que tantos compatriotas han perdido sus vidas, sobre todo, cuando hacerlo significa arriesgarse a sumarse a los contagiados y muertos por esta tremenda enfermedad.
Sin embargo, lo acontecido en Los Olivos no es responsabilidad exclusiva de los asistentes y la organización. La tragedia se desencadenó tras un manejo poco responsable y profesional de la Policía Nacional. La cantidad de personas involucradas en la fiesta era tal, que era previsible que la situación pudiera salirse de control. Ante esa posibilidad, la Policía Nacional debió convocar una cantidad de efectivos suficiente en las afueras del local, detener la fiesta y proceder a evacuar el local. Una vez afuera, los intervenidos debieron pasar los registros legales y procederse conforme a ley. Es decir, al levantamiento de partes y su remisión al Ministerio Público para el ejercicio de la acción penal correspondiente.
Del mismo modo, las denuncias de los vecinos han debido ser alerta suficiente como para diseñar un operativo que permitiese detener la organización del evento, previniendo así los contagios y el trágico desenlace de la noche. Fallaron todos, los asistentes, los policías y la organización del evento. 13 personas pagaron el precio máximo por esas fallas.
Dicho esto, debe advertirse que los problemas del Perú son mucho más profundos que la población no acatando las medidas de distanciamiento social obligatorio. La crisis sanitaria responde a la falta de liderazgo demostrada por el gobierno en el manejo de la pandemia. La estrategia nunca fue diseñada, sino que se fue ensayando en el camino, hasta la saturación de la salud pública. Por su parte, la salud privada está cuidando su bolsillo.
En cuanto a la reactivación económica, las cifras son de pavor. 30% de decrecimiento del PBI, desempleo en altos históricos, e incrementando, quiebra masiva de empresas y deserción laboral también en récords históricos. Los programas de asistencia del gobierno han estado enfocados de modo negligente, favoreciendo a quienes no deberían ser favorecidos y olvidando a los más necesitados.
El Gobierno Central debe dejar que la Policía y el Ministerio Público atiendan esta tragedia, mientras que ellos se deben enfocar en revertir la crisis sanitaria y económica que vivimos. No permitamos que las muertes de este fin de semana sean abusadas como cortinas de humo. Sigamos vigilantes a las acciones del gobierno de Vizcarra, que sigue cayendo en las encuestas.
Lo acontecido en Los Olivos es un síntoma manifiesto de la pandemia. Personas haciendo lo que pueden por tratar de ganar algo de dinero, otras asistiendo a la fiesta para tratar de olvidar la realidad y un Gobierno que no sabe cómo controlar la situación, que termina empeorando todo con salidas improvisadas y poco profesionalismo. Si no atendemos a la pandemia, estos síntomas van a recrudecer y a agravarse.