Hace unos días la congresista de Fuerza Popular, Martha Chávez, profirió un comentario racista sobre la designación del exprimer ministro Vicente Zeballos como representante del Perú ante la OEA. Sin restarle importancia a sus frases, que son condenables y que demuestran una ausencia de cintura política en el fujimorismo, han trasladado el debate de lo inconveniente y poco meritorio nombramiento del ahora embajador hacía el tema de la discriminación y el racismo. Este tema sigue siendo sensible en nuestra sociedad. Las expresiones discriminatorias están presentes en la vida cotidiana del peruano, sea andino, mestizo, afrodescendiente, amazónico u oriental. Pero al mismo tiempo hemos visto la doble moral con la que se actúa: solo se condena al discriminador o racista si es del grupo político contrario, sino integra la camada de los políticamente correctos.
Desafortunadamente, los caviares tienen el control monopólico de la academia y tienen sus cajas de resonancia en diversos medios de comunicación. No dudo de que las expresiones racistas deben ser sancionadas y castigadas con severidad. Sin embargo, al igual que la defensa de los derechos humanos, esta posición en los caviares es cínica y tan falsa como su honestidad. Por ejemplo, hace unas semanas, el inefable de Pedro Cateriano tuvo frases discriminatorias contra los congresistas del FREPAP, en el programa de su amiga Rosa María Palacios. Los calificó como una “agrupación fanática, religiosa y desinformada en materias elementales de manejo del Estado”. Esta declaración fue hecha en el calor de la piconería que lo caracteriza por no haber logrado la investidura. ¿Qué dijeron sus amigos caviares? Desviaron la atención de estas declaraciones, no hicieron eco, no hubo portadas ni denuncias de oficio. Pero la frase de Cateriano no era solo un rechazo a la inexperiencia política del FREPAP, era un velado ataque a su origen popular, que es sinónimo –en el universo mental de los caviares– de desinformación, de poca preparación, en síntesis, de ignorancia. Aún recuerdo que una compañera de historia de la PUCP se quejaba de la victoria de Castañeda en Lima y celebraba que en su distrito (Pueblo Libre) el ganador tenía un apellido “decente”.
¿Hasta qué punto estas actitudes de doble moral afectan la lucha contra el racismo y la discriminación? La defensa del amigo, de la collera, de frases como, “yo lo conozco, no es racista, solo fue una frase infeliz”, han relativizado la lucha contra el racismo y lo están haciendo con las diversas trincheras de combate que la sociedad ha enarbolado para tener una sociedad más justa. El sector hegemónico intelectual ha politizado y partidarizado las demandas y silencian a aquellos que no pertenecen a su espectro político o, en todo caso, los atacan con todas sus municiones.
Hace varios meses, el fallecido congresista Mamani acosó a una aeromoza y fue denunciado por acoso sexual. Los políticamente correcto lo sepultaron, pero distinta fue la actitud con Yonhy Lescano, quien tuvo mensajes acosadores contra una reportera. El trato hacía un mismo tema fue distinto. A este último personaje se le sigue dando pantalla como un gran demócrata, todo porque siguió la línea de apoyar el Golpe de Estado de Vizcarra y siempre ha estado en consonancia con la grey caviar. Ahora, último, el cineasta Frank Pérez Garland ha tenido que admitir que es un acosador (aunque ha salido a desdecirse), pero no ha tenido la valentía de calificar sus actos como acoso, sino como seducción. ¿Y sus amigos los actores? Aquellos de las manitos cruzadas, de las campañitas contra la sexta estrofa del himno nacional, contra el fujimorismo, no han dicho nada. Ni siquiera el exprimer ministro Salvador del Solar ha condenado a su colega, ni tampoco un comunicado de condena de TONDERO PRODUCCIONES.
Otro caso que nos demuestra la doble moral caviar frente a estos temas es lo sucedido por el periodista Davelouis, quien fue denunciado por su expareja, pero su caso se enfrió y ahora ha vuelto como un líder de opinión. Ni qué decir de varios periodistas de La República que también fueron denunciados por acoso. Es así como la lucha contra toda forma de discriminación va perdiendo fuerza, el monopolio caviar le está haciendo mucho daño a este proceso, porque está siendo utilizado políticamente contra aquellos que no piensan igual que ellos. Ni la derecha, ni el APRA, menos el fujimorismo, han logrado arrebatarle políticamente estas banderas a la izquierda caviar. Mientras ellos se dedicaban solo a la política, los caviares se apoderaron de la academia y, desde ahí, dirigieron su ofensiva política con buenos resultados. Ahora controlan la prensa, varias universidades, Junta Nacional de Justicia, Fiscalía de la Nación, etc.
De esta forma, estamos asistiendo a un nuevo orden político y social dirigido por la izquierda caviar. Si bien son incapaces de ganar las elecciones, son los que controlan el Estado a través de sus ministros satélites, consultorías, asesorías, etc. Todo esto ante la actitud inerte de otros actores políticos que prefieren jugar en pared con ellos antes de ser devorados por su maquinaria mediática.