Existe un lugar al extremo sur de Argentina llamado Ushuaia o la ciudad del fin del mundo, que casual o contradictoriamente se ubica en la provincia de Tierra del Fuego. A pesar de su localización muy cercana a la Antártida.
El 2020 está colmado de cambios, desgracias y terrenos -dizque- inciertos. Pocos se animan a anticipar un porvenir certero, pero es dicho casi con ironía puesto que en tiempos confusos siempre hay estrategas avizorando el panorama.
Reconocer el terreno es esencial para cualquier formulación de plan. Su utilidad queda expuesta en el último spot de una lideresa política que -de forma estratégica- orienta su discurso a la institución familiar. Sin perder de foco la prospectiva, la destrucción económica y la necesidad de un tono esperanzador. Pues, varias de las microempresas que han quebrado, y lo siguen haciendo, son negocios familiares.
El video tiene un concepto de transparencia y naturalidad. La locación es la casa propia, un ambiente personal, y lo acompaña estímulos visuales ecuánimes: colores sobrios y serenos, plantas, luz del día, edición simple y tipografía neutra. Estímulos potentes o movilizadores serían redundantes y dificultaría diferenciar su mensaje, debido a que estos ya abundan en las noticias, periódicos y sobre todo en la última tanda de publicidad oficial del gobierno. Uno de los principales discursos del que un político debe alejarse y discrepar.
La ciudadanía está ante la difícil misión de reconocer cómo el terreno, es decir ellos mismos, son aprovechados por quienes buscan el poder en un futuro inmediato. Quien sepa atender las necesidades o demandas primarias e inconscientes de la población será quien se posicione con éxito. Y el ojo clínico de la población debe orientarse a la segmentación entre los populismos vanos, que funcionan como placebos, y los discursos de sustento sólido cargados de una emoción necesaria, que pueden ser jeringas para verdaderas vacunas.
Este juego político (y dialéctico) se traduce en diversos vínculos de poder. Si es cierto que el presidente entregó al ministro del interior para calmar al congreso por la moción de censura de Maria Antonia Alva, estaríamos siendo testigos de cómo Vizcarra reconoció su terreno de batalla, el Legislativo, y para no perder su terreno clave, el ministerio de economía, cedió aquello que sí era reemplazable y estaba dispuesto a ceder, el MININTER. La pregunta es por qué.
Durante los próximos meses, todos seremos testigos, expectantes y partícipes de esta tipología de movidas. Así el país parezca la ciudad del fin del mundo, en una tierra de fuego, cerca al hielo perpetuo. Tengan por dado que en tiempos confusos el futuro es de los estrategas.