Danilo Guevara Zegarra
Cuando una sociedad no sanciona oportuna y adecuadamente los actos delictivos que se producen más personas estarán animadas a cometer hechos antisociales.
De ahí que uno de los frenos más poderosos para evitar la propagación de la delincuencia sea un sistema de justicia que opere con prontitud y equidad de modo tal que tenga un real efecto disuasivo.
Gary Becker, premio Nobel de Economía de 1992, formuló su famosa Teoría de la Economía Criminal por la cual postula que los crímenes e infracciones son precedidos por una elección racional de quienes los perpetran.
De acuerdo a su planteamiento, las personas, antes de ejecutar cualquier delito hacen un cálculo racional a partir de preguntas tales como ¿Qué beneficios he de obtener? ¿Vale la pena correr el riesgo? ¿Qué posibilidades existe de que sea detectado y sancionado? ¿Si soy procesado, las sanciones que me impongan serán muy dañosas?
Si como producto de ese cálculo concluimos que hagamos lo que hagamos no existe ninguna sanción habremos inaugurado el reino de la impunidad donde unos cuantos privilegiados hacen usufructo de lo que es la más desfachatada expresión del poder.
Y eso es lo que está pasando en el Perú de los últimos meses sin que la gran mayoría de los ciudadanos adviertan la gravedad que contrae una situación que atenta contra las bases del Estado de Derecho.
En efecto y tal como se aprecian en las imágenes que se propagan, ciertos sujetos que pueden ser perfectamente identificados, a plena luz del día y so capa de la protesta social, se permiten cortar carreteras, asaltar vehículos, destrozar la propiedad, cobrar cupos o atacar a la Policía, sin que las autoridades hagan algo por detenerlos y denunciarlos conforme así lo establecen las leyes.
Que se sepa los únicos que vienen siendo investigados son los Policías que fueron destinados a resguardar el orden lo cual no está mal si es que sobre ellos pesa sospechas por haberse excedido en el ejercicio de sus funciones. La regla es que todos deben responder por sus actos.
Lo absolutamente reprobable es que los autores materiales e intelectuales de los numerosos actos de violencia y ataques a la Policía - y que han dejado decenas de agentes heridos muchos de ellos en estado de gravedad - hagan discurrir sus vidas como si nada hubiese pasado.
Hace pocas horas un grupo de vándalos atacó el Capitolio norteamericano. Pasado el desconcierto inicial las autoridades se han concentrado en identificar a cuantos violentaron las leyes. Hasta el momento se han arrestado de 82 personas mientras el FBI acaba de publicar la primera lista con los rostros de los que persigue. No hay duda. En breve, centenares de atacantes serán llevados a juicio y más luego a la cárcel porque así es como funcionan los estados donde rigen las leyes.
¿Y en el Perú qué? ¿Dónde están los que lanzaron objetos incendiarios y pirotécnicos? ¿Dónde están los que ocasionaron la muerte de inocentes en Ica? ¿Dónde están los que asaltaron camiones y plantas agroindustriuales? Alguien diría que están disfrutando el morado reino de la impunidad.