Punto de Encuentro

La sabiduría de los políticos

Tras las últimas declaraciones de la candidata al congreso por el Partido Morado, Úrsula Moscoso, quien afirmó que el Ministerio Público forma parte del Ejecutivo, diversas personalidades hicieron mofa unánime de su clamoroso desacierto. Sin embargo, las imprecisiones que profieren el grueso de los políticos de nuestra patria aumentan con el devenir de los años. De manera que, nos encontramos bajo una relación directamente proporcional, cuyo epílogo es incierto en todos sus aspectos.

Lejana se encuentra la generación que basaba su asombro ante la ignorancia, pues lo que causa estupor – en la actualidad – es la erudición. Esta antítesis surge a raíz de un conglomerado de factores, cuyas características principales giran en torno al aprovechamiento personal. Por consiguiente, el objetivo inmediato es recopilar el mayor número de beneficios que sostengan los banales caprichos de la clase política actual. Evidentemente, dicho proceso exime las responsabilidades concernientes al intelecto y la búsqueda de la verdad.

En el otrora Congreso de la República, la mayoría de parlamentarios poseía los conocimientos necesarios para desenvolverse satisfactoriamente en sus labores. No obstante, existían ciertos individuos que desconocían cifras básicas, como el precio de los pallares en el departamento de Ica. Desde luego, este atentado contra las honorables cámaras de senadores y/o diputados, acarreaba la renuncia inmediata al cargo que se ostentaba. Caso contrario, la censura resultaba inminente.

Pero, ¿por qué un político debe conocer las diversas ramas del conocimiento humano? Sencillo. El político es aquel sujeto que, por sus condiciones, tiene el privilegio de conducir las riendas de un determinado territorio y simboliza a cada uno de sus habitantes. Recordemos, pues, que dichos electores ejercen múltiples profesiones u oficios. Por ello, es menester que exista un vínculo intelectual que permita a estos dos protagonistas interactuar de manera eficiente, siendo el representante, aquel que comprenda la visión de su representado en todas sus dimensiones.

Indudablemente, no solo la clase política ha cambiado, pues el pueblo que asistía a las urnas contaba con una mayor conciencia política y, por ende, escogía mejor a sus representantes. A pesar que el acceso a la educación superior era mucho más complicado, resaltaba el aprendizaje autónomo. Dicho sea de paso, la principal herramienta eran los libros y el lugar apropiado era la biblioteca. Hoy, la principal herramienta es el internet y el lugar ‘’apropiado’’ es cualquier computador. ¿Acaso alguien pretende rebatir el hecho que la sobreinformación es la mejor manera de desinformar?  En suma, los políticos no son más que el fiel reflejo de la población. Si algo falla en ellos, analicemos en qué aspectos podemos mejorar nosotros.

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