El artículo del inteligente Mirko Lauer publicado en el diario "La República" -donde se pregunta sobre la vigencia del Partido de Haya de la Torre- nos da pie para abordar el tema como parte de un necesario y largo proceso de reconstrucción de la calidad de la política peruana, enmarcado en una comprensión seria del Perú actual y la definición de una propuesta de sociedad más justa, productiva y democrática. El problema no sólo es el APRA, sino el país.
Lauer señala que “el desempleo político” derivado de haber perdido varios procesos electorales han mermado no sólo al aprismo, sino al conjunto de organizaciones políticas llamadas tradicionales. También señala que la nueva y oferta política está básicamente en manos de organizaciones clientelares, sin programas, personalizadas y con altas probabilidades de adecuar su accionar político a prebendas o a actos de corrupción. Ésto último lo podemos ver, por ejemplo en la sinuosidad de su ejecutoria parlamentaria en APP, Podemos, Somos Perú, etc.
Éste proceso de destrucción de la política y su sistema institucional partidario -que se expresa en los resultados electorales últimos- tiene muchos años y es parte de un fenómeno mayor y más complejo de vaciamiento de sentido del sistema democrático, con el propósito básico para asaltar el poder y acceder al uso ilícito del Tesoro Público. El fenómeno se replica a nivel regional y provincial hasta niveles escatológicos.
Lamentablemente en la etapa post fujimorato, con excepción de los buenos números en indicadores sociales y crecimiento en el segundo gobierno del APRA y Alan García, hemos tenido al frente del país administraciones manchadas por la corrupción al más alto nivel: Toledo, Humala, Kuczynski, Vizcarra, y ahora Castillo (todos ellos con pruebas, testigos y denuncias sólidas, o en camino, ante el Ministerio Público). Soy de la teoría que parte de los grandes impulsores de éste deseaste han sido la "constructocracia", es decir las mega firmas brasileñas en alianza con sus consorciados locales que buscaban Presidentes a medida, a quienes financiaron sus campañas.
Pero en paralelo a ésta degradación de la política y ataque a los Partidos, la nueva sociedad popular y emprendedora sigue en buena cuenta excluida (La otra modernidad: Carlos Franco). Sus intereses no están representados ni por una academia parcializada y más bien activista, menos por las nuevas organizaciones pseudo políticas clientelares. Asimismo, hay que decirlo, el Relato de la izquierda marxista en sus versiones light y radical se ha agotado y no tienen mucho que decir sobre la nueva sociedad popular maravillosamente mestiza (Arguedas) y emprendedora.
La realidad ha terminado además por cancelar cualquier narrativa de reivindicación al llamado al “socialismo del siglo XXI”. Tanto así que el mismo Castillo en campaña negó muchas veces su filiación a ese esquema, aunque con dudosa sinceridad.
Por el otro lado, la incompetencia e irresponsabilidad de lo que genéricamente podríamos denominar la “derecha” política peruana, persisten básicamente el mismo camino. Centrados unicamente en una narrativa económicista y algunos otros en sus lobbies mercantilistas; con una incapacidad de acción política en el interior del país impresionante, con algunos representantes muy poco cultivados intelectualmente, y, peor aún, sin una propuesta de país y sociedad.
En ese marco, y para responder la pregunta del amigo Lauer, las bases y los equipos de trabajo del APRA están (además de desplegandose en la etapa final del inmenso trabajo de reinscripción liderado por su Secretaría Nacional de Organización y Movilización y sus dirigentes regionales, provinciales y distritales quienes han recabado más de 35 mil afiliaciones) construyendo:
a)Una necesaria actualización de la lectura de la sociedad peruana que apunte a la “construcción de una nueva centralidad popular, emprendedora y democráticamente radical” (como bien señala el comunicador Iván Arenas). En términos de Laclau: la construcción discursiva del pueblo peruano trabajador y emprendedor de hoy. Ésto significa una apuesta por volver a la izquierda democrática y a la esencia de la "Democracia Social", que don Mirko presenta cómo "social democracia". Un espacio que nuestros voceros usuales han dejado escapar por haberse convertido a los ojos de las grandes mayorías cómo parte del "establishment", sobre todo del 2019 a ésta parte por algunos errores estratégicos graves.
b) Un ineludible relanzamiento del programa del Partido del Pueblo centrado -en esta coyuntura- en la urgente necesidad del país de tener una "Agenda Social" que impulse de manera responsable reflexiones y diseño de medidas de políticas públicas en favor de los más pobres, los más excluidos, los trabajadores y los emprendedores del campo y la ciudad. Se está construyendo con técnicos y activistas apristas del interior del país una agenda para la reactivación del Agro en el país, un conjunto de medidas para la Formalización del empresariado popular, también de la pequeña minería, para combatir el abuso de los intereses de la banca, del esquema de laboratorios y sus costos, de la revisión del injusto sistema previsional en el Perú, de la agenda social del Magisterio, el transporte menor y la pesca artesanal, de la agenda social de los pueblos (agua, titulación, muros, etc), entre otros. Pero también teniendo posición a favor de un reformismo constitucional orientado al cambio social - sin necesidad de una constituyente-, de una agenda ambiental y verde, del empoderamiento de la mujer y de una actitud propositiva en torno a la migración. Temas de los cuales nuestros más icónicos ex parlamentarios casi no frasean mucho o dedican energía.
Estas tareas son de mediano y largo plazo naturalmente, y en ese camino están comprometidas tanto las nuevas generaciones de jóvenes y profesionales apristas y también amigos independientes con una perspectiva de conjugar democráticamente el Estado y el mercado; como los apristas mayores con vocación de una renovación de las formas de hacer política acorde con el país popular de hoy. La política electoral no tiene sentido sin éste proceso.
El trabajo que desde las provincias y los distritos de Lima viene desarrollandose es intenso y fundamental para el futuro. Éste se diferencia del tactismo sin horizonte en el que incurren algunos de los referentes a los que Lauer ha hecho referencia cómo aquellos "no muy apreciados" por las bases del PAP. Pienso que en ésto último se equivoca, el pueblo aprista es afectuoso y fraterno con todos los que han cumplido un rol importante en sus filas, los aprecia generosamente; lo cual, eso sí, es diferente a que sea real e innegable que desde todos los rincones del país la militancia clama por un relevo generacional en sus vocerías nacionales y que aquellos que han tenido las posiciones más altas en el APRA pasen a una condición de fraternos consejeros.
El APRA está preparándose para proponerle al Perú una agenda social de cambio y volverá a la escena renovado, no sólo para participar en una elección, sino porque la grave situación social y política del país ha creado un inmenso vacío que hace necesaria una opción popular, nacionalista, de auténtica transformación democrática hacia la justicia social, la libertad y la competitividad global.
El Perú popular, de juventud, de productores del campo, de emprendedores, de clases medias, de empresarios nacionales no mercantilistas, en general el Perú democrático volverán a mirar al APRA renovada como su partido o su aliado más temprano que tarde.
El APRA está renaciendo en organización, narrativa y programa desde sus bases provincianas y distritales.