Por Antero Flores-Araoz
Como es harto sabido, de Venezuela han salido a otros países millones de personas, buscando oportunidades laborales y mejores condiciones de vida, dado que el régimen instaurado por Chávez y continuado por Nicolás Maduro, pese a la riqueza energética del país llanero, solo ofrece desempleo, pésimas condiciones de vida para quienes no son gobierno o allegados a él y por tanto no esperan un futuro promisorio en su país, por lo menos en el corto plazo y, ven francamente ófrico que sus hijos y nietos gocen de un futuro de esperanza.
Al Perú se estima que han llegado más de un millón y medio de venezolanos en los últimos años, de los cuales una proporción no significativa han ingresado regularmente y los demás, fuera de las reglas migratorias, muchísimos de ellos con familias enteras y ello debido a gobiernos permisivos que no vieron en su momento el peligro de esa migración masiva.
Si bien algunos gobernantes nacionales se llenaron la boca en el sentido de que su permisibilidad era generosidad, hay que decirles que su exceso fue y es perjudicial para el país, así como que generosidad no es sinónimo de tozudez.
Lo que es peor, muchísimos de los migrantes, recurrieron indebidamente a la calificación de refugiados, sin serlo, para quedarse en el Perú, prefiriendo ignorar y no de buena fe, que nuestra “Ley del Refugiado” N° 27891, considera al refugiado como “a la persona que debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentra fuera del país de su nacionalidad y, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país o, que careciendo de nacionalidad y hallándose , a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él”. Igualmente, a las personas que se han visto obligadas a huir de su país o de residencia habitual, “por causa de la violación masiva de los derechos humanos,… conflicto interno… o dominación extranjera” entre otras motivaciones.
Las disposiciones de la ley peruana tienen como antecedente la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967.
El tema reviste mayor gravedad, cuando el electo presidente de Chile, que en breve asumirá funciones, con toda claridad ha manifestado que, al asumir el mando de su país, expulsará a los venezolanos en estado migratorio irregular y lo hará a través de la frontera ése país con el Perú, o sea entre Arica y Tacna.
Como podemos advertir y regresando al tema del refugio, este último termina siendo una forma de eludir las restricciones migratorias y quedarse en nuestro territorio, incluso hasta delinquir, pues es dificilísimo separar “la paja del trigo”, lo que no significa desconocer que hay en el Perú excelentes familias de venezolanos de bien, honorables, laboriosos y cumplidores de sus obligaciones legales, a los que se acoge con el mayor aprecio y respeto.
Recientemente el Congreso ha hecho bien en delegar facultades legislativas al Poder Ejecutivo, para hacer modificaciones en la “Ley del Refugiado”, para evitar que los que en realidad son migrantes se acojan al régimen del refugiado, que en estricto no les corresponde, pero que también hay que hacer cambios en las regulaciones migratorias. El Perú puede acoger, claro que sí, pero solamente a los buenos, y en cuanto a Chile, nuestra Cancillería con buen criterio busca resolver diplomáticamente y en conversaciones bilaterales, la amenaza a la que nos hemos referido.